By | enero 22, 2016

En educación prima la idea de que lo cuantitativo es profano, que la educación es cualitativa, que el aprendizaje no se puede medir y que intentar comprender a los alumnos mediante números no aporta valor al sistema educativo… ¿Y no es cierto que al final debemos poner una calificación numérica? Puede que algunos puntúen con letras, A es excelente, F es suspenso… ¿No es esto una misma taxonomía que las calificaciones del 1 al 10, o del 0% al 100%?

¿De qué estamos hablando cuándo queremos tratar la educación de manera cuantitativa? A mi anterior post «Cómo la Cultura del análisis del aprendizaje nos ayuda a personalizarlo (I)» me remito cuando digo que el prisma cuantitativo se refiere a la analítica del aprendizaje, con fines iguales que el cualitativo. Los intentos de comprender los comportamientos de los alumnos con métricas, análisis y visualizaciones aportan una visión complementaria a la que estamos acostumbrados. Y digo complementaria, que no substitutiva.

Lo cuantitativo ya no debe verse como aquello distante, tabú y equívoco en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Es el estudio cuantitativo del proceso de enseñanza-aprendizaje lo que nos brinda una nueva oportunidad de aprender sobre nuestros alumnos, nuestro contexto y nuestra realidad tecnológica. Podemos mirar hacia otro lado, pero atender a una cultura del análisis del aprendizaje nos abre nuevas posibilidades de comprensión, personalización y extensión del mismo para nuestros alumnos.

Recomendaciones del autor

Daniel Amo Filvà

Profesor apasionado de las tecnologías. Creo en la Analítica del Aprendizaje para la mejora del contexto educativo. Investigo en e-learning, escribo, comparto conocimiento y practico el aprendizaje extremo.

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